Educación para la paz para evitar o reducir la violencia

 “La violencia viene del miedo, el miedo viene de la incomprensión, la incomprensión viene de la ignorancia… y combatimos la ignorancia mediante la educación”. (Leah Wells)

El egoísmo, la intolerancia, la desconfianza, el deseo de beneficiarse a costa de los demás (o sea, la ignorancia generalizada) crean las condiciones que promueven la erupción de la violencia. En ese contexto, incontables familias se encuentran en estado de desintegración, animosidad velada, pelas y discusiones, violencia física, ofensas, provocaciones, abusos psicológicos y físicos. El aprendizaje emocional, que es el desarrollo de competencias para manejar las emociones, es la única forma eficaz de contener el proceso de violencia. ¿Pero cómo evitar la violencia? ¿Cómo reducirla? ¿Cómo construir la paz? La respuesta está en la mente. Es en la mente que debemos promover procesos que conduzcan a la paz y a la armonía. Para ello, es necesario adoptar, simultáneamente, estrategias a corto, mediano y largo plazo. No hay dudas con respecto a la dirección general que debemos seguir: establecer firmes cimientos para la paz en las familias y en las escuelas. Se trata de un trabajo de educación. La escuela está en el centro de este proceso. Sabemos que la educación de los educadores será realizada por los mismos educadores que se destacan y constituyen un núcleo de referencia en la educación. Por otra parte, la pregunta que surge es: ¿quién educa a la familia? Varios actores e instituciones deben participar en este esfuerzo. 

Permanece, sin embargo, la expectativa de que la escuela del futuro tenga un papel privilegiado en la educación de la familia y de la comunidad. Los educadores tendrán, en el espacio escolar, el compromiso de mirar más allá y construir con las familias la interfaz y el diálogo familia-escuela. De esta manera, concibo la educación del futuro con los educadores mirando hacia afuera, hacia las familias, y también hacia dentro, al aula y a los alumnos. La educación podrá, de forma privilegiada, al frente de otras instituciones sociales, llegar antes y adecuadamente a las familias. 

Estamos inmersos e impregnados de los valores que estructuran la cultura de la violencia. La realidad sugiere la necesidad de perfeccionar las medidas para la construcción de una cultura de paz y no violencia. Para ello, buscamos una medida de importancia fundamental, un paso soñado por todos los pacifistas del mundo: incluir, de forma sistemática, en la matriz curricular de enseñanza de todos los niveles, los contenidos de la Cultura de la Paz. De esa manera, los educandos de Enseñanza Primaria, Enseñanza Secundaria y Enseñanza Superior incorporarán, en clases regulares, los fundamentos y valores de la Cultura de la No Violencia. 

“Civilizar significa reducir la violencia”, afirmó Karl Popper. “Educar es, antes que nada, configurar espacios de convivencia”, declara Humberto Maturana. Enseñar la comprensión con el “bienpensar”, con la introspección, la conciencia de la complejidad humana, la simpatía y la interiorización de la tolerancia constituye fundamento esencial de la educación del futuro, en la sabia visión de Edgar Morin. “Educar exige disponibilidad para el diálogo acortando la distancia entre el educador y el educando”, orienta la sensibilidad de Paulo Freire.

De acuerdo con Mark Greenberg, existen cinco contenidos fundamentales en los currículos de aprendizaje emocional: enseñar a calmarse, enseñar a percibir los estados emocionales de los demás, enseñar a hablar sobre sentimientos para resolver dificultades interpersonales, enseñar a planificar y enseñar a pensar anticipadamente e, incluso, enseñar a analizar de qué manera nuestro comportamiento afecta a los demás. Estos fundamentos esperan para ser incorporados a la educación. 

El filósofo y sociólogo chileno Juan Casassus realizó un estudio para la UNESCO y publicó el libro La escuela y la desigualdad, en el que analiza los factores que favorecen el buen desarrollo de los estudiantes. El hallazgo más sorprendente fue la importancia del ambiente favorable al aprendizaje en la escuela, pero específicamente la necesidad de un clima emocional adecuado dentro del aula. En las instituciones en que los alumnos se llevan bien con los compañeros y no hay peleas, sino relaciones armoniosas y con aulas sin interrupciones, obtienen mejores resultados. Educar para la paz, desde la perspectiva de educar para las emociones, promueve el éxito profesional y personal de nuestros niños y adolescentes. 

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