El sufrimiento psicológico de la actualidad

Al observar el pasado, científicos, historiadores y filósofos constatan que la condición humana implicó mucho dolor. Gran parte del sufrimiento del pasado resultó de aspectos básicos para la supervivencia, particularmente, debido al hambre, a las pestes y a las guerras.

En la antigüedad, en la Edad Media e incluso hasta hace muy poco tiempo, el hambre fue un gran flagelo para la humanidad. Cualquier adversidad climática, como las sequías prolongadas o las inundaciones, devastaban plantaciones enteras y miles de personas morían de hambre. Con los avances científicos relativos a la agricultura, la preparación del suelo, los abonos y defensores agrícolas asociados con la previsión climática, actualmente, en números globales, estamos muriendo más por comer en demasía que por la falta de alimentos. En el 2010, una investigación de la OMS mostró que el hambre y la desnutrición, juntas, mataron a aproximadamente un millón de personas, al tiempo que la obesidad mató a tres millones. Sabemos que aún existen focos de hambre en algunos países, si bien resultan más de motivos políticos, de la incompetencia logística para ofrecer alimentos a las poblaciones más carenciadas, de la inadecuada distribución de ingresos, de la corrupción y de la incapacidad de producción de alimentos.

A su vez, la peste negra en el siglo XIV exterminó a un tercio de la población de Eurasia. La viruela del siglo XVI y la gripe española de 1918 crearon un escenario dramático de desesperación de las madres y familias que veían a sus hijos y parientes morir sin ninguna posibilidad de ayuda. Los descubrimientos científicos relacionados con el área de la salud, la comprensión, comprobada por la ciencia, de los seres microscópicos y las enfermedades que ellos causan hicieron posible las vacunas y pusieron punto final a ese sufrimiento. El desarrollo científico alivió el sufrimiento físico de miles de personas.

Actualmente, los flagelos son otros y claman por nuevas respuestas por parte de la ciencia y de la educación.

Vivimos una crisis de bienestar. De acuerdo con las investigaciones OMS/2015, existen 322 millones de personas depresivas en el mundo e igual cantidad de personas que sufren de ansiedad. Esta realidad de enfermedades psicológicas es responsable de incapacitaciones generalizadas que perjudican la vida personal, social y profesional. Más de 800.000 personas por año se quitan la vida y esta es considerada la segunda mayor razón de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años. En el mundo entero, medio millón de personas mueren cada año víctimas de la violencia. En el seno de las familias, a puertas cerradas, muchos niños, mujeres y ancianos sufren maltrato. El uso abusivo del poder somete a las mujeres y también explota sexualmente a niños y niñas, que quedan psicológicamente mutilados. En las calles, ya sea encubierta por las sombras de la noche o a plena luz del sol, la delincuencia juvenil se disemina. Desde las melancolías ocasionales hasta las acciones nefastas del crimen organizado y del narcotráfico, vivimos en una sociedad de muchas muertes violentas, de mucho miedo y sufrimiento.

El progreso material y tecnológico produjo admiración y beneficios concretos a la sociedad y redujo las dificultades humanas, pero no aseguró el bienestar subjetivo, la soñada y tan deseada felicidad de las personas. Estamos tomando conciencia de que el progreso trajo consigo el sufrimiento psicológico. Los conflictos matrimoniales y entre padres e hijos y el dolor psicológico que se manifiesta en el malestar subjetivo generalizado constituyen el principal desafío en la agenda de la humanidad para este siglo.

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