La lección de Sócrates

Semanalmente, encontrarás una entrevista en este espacio. Para inaugurar esta serie, invitamos al pensador y escritor João Roberto de Araújo, septuagenario, audaz visionario que busca la expansión mundial de su experiencia como educador socioemocional.

Teresa Magalhães, escritora y profesora de Literatura, fue invitada para entrevistarlo.

Teresa: Sabemos que, hace mucho tiempo, usted desarrolla el trabajo de Educación por la Paz, además de ser uno de los pioneros, en el mundo, de la creación de material pedagógico para la Educación Socioemocional SEL (Social Emotional Learning). ¿Cuál es el baluarte de la sustentación de su lucha?

João Roberto – En tiempos de navegaciones cibernéticas y globalizadas, tomo como guía el verso de los antiguos marineros: Navegar es preciso.  Los mares existenciales alternan tormenta y calma, imprecisión y necesidad. Son los dolores de la violencia tatuados en la piel de la humanidad, al lado del deseo de vislumbrar un horizonte tranquilo, con tierra a vista. Para navegar esas aguas, ora revueltas, ora serenas, con superficies visibles y profundidades desconocidas, mi barco es el de la humildad. Hay asuntos conocidos, que son el Timón y guía de mis pasos. Pero mi conocimiento está poblado de errores y equívocos. Como dice Edgar Morin, pensador francés, hay cegueras en el conocimiento, también ilusiones. Por tal razón, mi posición es  de comprensión y  aceptación de lo desconocido, del misterio y de la ignorancia. Tal perspectiva parece que me desprecia, pero no es así. Observo que me revela una racionalidad abierta, que acoge el error y la incertidumbre, y, por lo tanto, se abre, disponible, para cambiar o recrear.

Para que mi mirada sea comprensible, quiero recordar el diálogo legendario atribuido a Sócrates. Cierta vez, un discípulo le preguntó: – Maestro, ¿quién es sabio? Él respondió muy tranquilamente: – El sabio es aquel que sabe que no sabe, pero que va a buscar saber siempre, aun sabiendo que nunca va a saber por entero. Es decir, el sabio nunca desiste, continúa buscando respuestas, siempre. Cuenta la leyenda que el discípulo, aprovechando la oportunidad, le preguntó: – Maestro, ¿y el idiota? ¿Quién es él? – El idiota es aquel que dice que sabe.

 No quiero empezar esta serie de entrevistas diciendo que domino todas las respuestas. Quien se atreve a  afirmar esto no considera la complejidad que conlleva la esencia de todos los planteos. Y no hay limitación mayor del ser humano que no percibir la complejidad de los fenómenos físicos, biológicos y, particularmente, los de la vida humana. Todo dolor psicológico y todo sufrimiento que sentimos nacen de la ignorancia. Las angustias de naturaleza psicológica y mental son frutos de nuestro oscurantismo. Es bajo esta perspectiva que he de hablar. Es decir, a partir de mi conocimiento, pero también a partir de mi ignorancia. Claro que existe conocimiento, el área de lo que se conoce. Existe la ciencia, que explica el paso a paso con la racionalidad cartesiana de sus metodologías. Cuando se realiza una operación quirúrgica, está presente allí la ciencia como base de ese proceso. Ella explica muchas cosas, y nosotros nos apropiamos de las informaciones, buscando respuestas en las investigaciones o en los estudios científicos. Sin embargo, no solo a través de la ciencia es que nos apropiamos del conocimiento. El hombre también se apodera del saber por medio del arte. El cual nos explica los fenómenos. El arte intuye y produce la transformación de lo distinto, es decir, de lo otro. La intuición es un atajo de la lógica. De pronto, la persona ve una expresión artística y no sabe aprehenderla racionalmente, pero ella, la obra, la conmueve y la transforma.

La Filosofía cuestiona. Este es el camino que más me gusta. ¡Cuestionar es necesario! ¡Siempre! La vida es un signo de interrogación. Todo el tiempo indagamos, y la mayor bendición que tenemos es mantener viva la fuerza de la pregunta.  Al indagar, el ser humano se apropia de la complejidad estimulante que lo rodea. Existen también las tradiciones que no explican los fenómenos; no intuyen, no cuestionan valores, sino que traen una base, que está en la cultura, en la experiencia de nuestros ancestrales. Las propias religiones integran esas tradiciones, lo que también contribuye para el conocimiento humano. Hay que tener cuidado, porque la dimensión del conocimiento científico no es la dimensión mayor. Existe la extensión inmensa de lo ignorado. Por lo tanto, valoro el misterio – e incluso un sentimiento de religiosidad, en el sentido de ser parte de algo mayor, de estar frente a todo lo incognoscible. Tengo profundo respeto por esta dimensión misteriosa y desconocida. El ser humano siempre tuvo el impulso de explicar lo desconocido, desde la época del hombre primitivo que miraba al sol, a la luna e imaginaba muchas cosas. Así empezó a inventar a partir de ello. La imaginación cuestionadora e investigativa crea la acción, de  lo cual resulta experiencia. El misterio explicado no encierra los planteos, existe su amplitud y los secretos enmarañados. Frente a él, somos aprendices, tenemos solo un esbozo que reelaboramos todo el tiempo. Es lo que sucede con los temas transcendentales que interrogan: – ¿De dónde vine, adónde voy?

Hay cuestiones que van más allá del potencial lógico disponible para los humanos. Asuntos metafísicos abrazados por las religiones estimulan nuestra imaginación, en la tentativa de caminar hacia el mundo del misterio, pero, son creencias, merecen todo el respeto, traen el beneficio de la fe que ayuda en la travesía de tantas personas, pero no aseguran ninguna certeza. La vida está llena de incertidumbres, con pocas y provisorias zonas de seguridad. Por lo tanto, ora, quiero hablar bajo la perspectiva de la ciencia, ora, bajo algunas consideraciones sobre el ser humano por medio de su fantástica imaginación que lo llevó a crear la mitología, las religiones, las tradiciones. Es necesario tener mucho cuidado y también ampliar la mirada para otras dimensiones que van más allá del conocimiento científico.

Ud. me pregunta qué es lo que sustenta mi lucha por la construcción de la paz. Descontentos, experimentamos el amargo  gusto de la violencia en nuestras historias de vida. Yo también sentí ese sabor, en la vida social y en la vida particular, incluso en las relaciones afectivas íntimas. Viví muy de cerca los dolores profundos de quien sufre. Conocí la desesperación de los que no encuentran alternativas para continuar sobreviviendo, y que se entregan a la violencia autoinfligida. Conocí personas que, ante emociones fuertes o  incómodas, no supieron canalizar constructivamente el dolor de las frustraciones. Conocí el analfabetismo emocional y quise poner atención, fuerza y lucha en esa dirección. Estoy seguro que la felicidad que tanto buscamos vendrá con el SEL, la educación socioemocional. Soy optimista en tal sentido.


Semanalmente, encontrarás una entrevista en este espacio. Para inaugurar esta serie, invitamos al pensador y escritor João Roberto de Araújo. Septuagenario, audaz visionario que busca la expansión mundial de su experiencia como educador socioemocional. Fundó la 50-50 SEL Solutions que tiene el significativo propósito de ofrecer, hasta el año 2050, los fundamentos de la Educación Socioemocional, a por lo menos, 50% de la población mundial. Lo cual será posible con la participación de una red de complementadores, con el objeto de “ser puente” entre tantas necesidades y posibles respuestas.
Teresa Magalhães, escritora y profesora de Literatura, fue invitada para entrevistarlo.

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