Perfeccionamiento de las políticas sociales para evitar e reducir la violencia

La Organización Mundial de la Salud afirma que el tema de la violencia es el principal problema de salud pública del mundo y presenta en sus informes datos importantísimos que ayudan a comprender la realidad de la violencia en el planeta. Se destaca la información, relevada por medio de sistemática investigación en diversos países, de que los focos de pobreza material favorecen el surgimiento de la violencia. Los focos de pobreza material presentan mayores índices de violencia. Así, enfrentar la violencia pasa por la reducción de la pobreza material con la creación de espacios para empleo, para ingresos, vivienda, alimentación, salud y educación, que promuevan dignas condiciones de supervivencia. Reflexionando acerca de este eje de acciones, debemos tener cautela para no caer en la trampa del prejuicio y afirmar que todos los pobres son violentos. Ciertamente no es así. La violencia está en la mente de las personas y no en la condición socioeconómica. Existen ciudades con altos índices de desarrollo material y destacados ingresos per cápita que presentan elevados índices de delincuencia. 

Por un lado, sabemos que la pobreza favorece el surgimiento de la violencia, pero por otro sabemos que pobreza no es sinónimo de violencia. Un ejemplo práctico cotidiano puede ayudar a comprender este tema: imaginemos un matrimonio de clase media, en el que ambos cónyuges tengan empleo y mantengan una buena calidad de vida con casa, automóvil y alimentación diferenciada. De repente, los dos pierden el empleo. El estándar de posibilidades de consumo cambia, las necesidades de supervivencia reciben prioridad y no es raro que surjan, en la convivencia familiar, la grosería, los insultos, la violencia física y psicológica. ¿Qué sucedió? ¿No eran violentos y de repente se transformaron? La respuesta es no. Los valores de violencia ya estaban en ellos, pero estaban amenizados o anestesiados debido a las condiciones materiales favorecedoras. De esta manera, es muy importante comprender que las acciones sociales que reducen la pobreza material contribuyen a la reducción de la violencia; no obstante, comprender que estas no son suficientes es igualmente importante. Hay ricos violentos, existe violencia en la clase media y existe violencia entre los pobres. La violencia de los ricos, estructurada en el egocentrismo, en el sociocentrismo, en la codicia y en el abuso socioeconómico es menos perceptible y visible a simple vista, pero no podemos olvidar que existe y que constituye la base de crueles despliegues de otros tipos de violencia. La violencia de los líderes es más perniciosa, peligrosa y cruel. Es un prejuicio generalizado afirmar que la violencia está en los suburbios de la ciudad, pues ella recorre igualmente todas las clases sociales. De esta manera, el educador debe permanecer atento para comprender que la violencia está en la mente de las personas y no en su condición socioeconómica. 

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