Quietud y atención: el oxígeno de las sociedades contemporáneas

Existe una realidad de frustración general debido a la falta de comprensión de los significados más profundos e importantes de nuestra existencia. No conocemos el camino del bienestar subjetivo. Sin esta comprensión, nos alejamos, nos escondemos y nos sumergimos en la mera erudición y en la técnica. Decepcionados, muchas veces pesimistas y amargados, nos debatimos en la superficie de los fenómenos. Las respuestas fundamentales no están solo en las discusiones intelectuales, en la mera erudición o en el tecnicismo de los especialistas.  

Nuestras conversaciones, fuente de aprendizaje, no nos han ayudado mucho. En la conversación vigente, prevalece la superficialidad del automatismo “concuerdo-no concuerdo” y el valor de la introspección se transforma en una habilidad menor, desprestigiada, de poca importancia en la sociedad.  

Sentarnos, cerrar los ojos y observar la realidad del momento presente, del propio cuerpo, de las sensaciones, de las emociones, de nuestra dimensión más básica de la vida, la respiración, aún es una práctica que no se incorpora regularmente en la educación. 

Por todo lo anterior, debemos hablar de la importancia de los procesos meditativos. 

Para nuestra autocomprensión y la comprensión del otro, debemos observar profundamente nuestra propia mente. El desarrollo de la ciencia en todas las áreas del conocimiento —tanto la medicina centrada en el cuerpo como la astronomía, que observa el espacio con suma curiosidad—, solo llegaron al punto en el que hoy por hoy se encuentran porque los investigadores examinaron con profunda y disciplinada observación los fenómenos de esas realidades. 

Con respecto a la mente, eso no ha sucedido. Conocemos poco y tenemos muy poco control sobre ella. Nos encontramos ante el desafío de conocer, por nosotros mismos, nuestra realidad interna. Observarla tal cual es, sin los filtros de las narrativas culturales y de los mitos, puede reducir mucho nuestro sufrimiento cotidiano. El sufrimiento no viene solo de afuera, es creado, a gran escala, por nuestra propia mente. 

Estos procesos de introspección se denominan meditación y han sido investigados y estudiados por la lógica científica. La ciencia acepta la importancia de la meditación. Aún estamos intentando entender las fronteras entre el cerebro y la mente, aunque ya sabemos que representan complejidades diferentes y que la meditación es el camino para comprender la mente.  

Saber observar la realidad de las sensaciones en el cuerpo y las reacciones mentales por medio de las emociones es la base para la construcción del ser sensible y fundamento mayor del desarrollo de competencias socioemocionales. 

En la complejidad de las sociedades contemporáneas, la meditación será tan importante como el oxígeno que respiramos. Será vital para reducir errores e ilusiones en las decisiones políticas, profesionales y personales. 

Junto con las maravillas tecnológicas que nos encantan, existe una cara oculta y peligrosa que merece nuestra atención. A la brevedad, los algoritmos y la inteligencia artificial dominarán no solo los procesos de gestión de los negocios profesionales, sino también las propias decisiones de orden personal. Si no investigamos, por nosotros mismos, la realidad de los fenómenos, particularmente los de la mente, corremos el riesgo de, en el futuro, perder el espacio de elección. Y eso es muy grave. Aún tenemos tiempo, pero no mucho. La disciplina meditativa puede mantener la conciencia y la racionalidad abierta para decidir la dirección de nuestros mejores intereses. 

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